RSS

He perdido tantas cosas.

Que no me perdonaría perderte a vos,
a quien me dio todo,
a quien me enseñó a querer,
a quién aprendí a amar.

 
Deja un comentario

Publicado por en marzo 31, 2012 en Citas

 

Vos en mí, yo en vos.

En alguna parte de este blog, hace mucho tiempo atrás, escribí que la bitácora iba a funcionar como una suerte de diario personal, como una extensión de mi mente; en ese tiempo, no quería seguidores, no quería lectores, escribía por mí y para mí. Hoy están ahí en algún lugar del Globo leyendo mis palabras sin que yo se los pida, navegan dentro de la mente de un desconocido que aún escribe para sí mismo en muchas ocasiones. Ésta es una de ellas.

En momentos como este me siento en el sillón y me pongo a pensar sobre mi vida, sobre la felicidad ¿qué es ser feliz?¿cómo es ser feliz?¿cuánto dura?¿soy feliz? Siento que he creído ser feliz una infinidad de veces, un momento tras otro llegan desde lo más profundo de mi memoria como imágenes sueltas, me hacen dar cuenta de que ser feliz es algo agotador, buscar la felicidad idílica es como querer encontrar Atlantis durante un paseo en bote. Creí ser feliz cuando era más chico, pero era inocente e idiota, con el tiempo comprendí que esa no era la felicidad; creí ser feliz hace unos años, duró poco, se esfumó antes de poder saborearla; creí ser feliz en soledad, pero necesitamos a alguien que nos aliente cuando estamos mal, que nos de un abrazo fuerte, que nos diga “teamo” al oído. Nueve meses atrás encontré esa felicidad y hoy, con temor en el pecho, la veo irse lejos de mí. Tal vez, me digo, el Ser humano no está hecho para ser feliz o quizá estamos interpretando mal el concepto.

¿Ser feliz es tener una vida perfecta? En caso de que la respuesta sea afirmativa deberíamos preguntarnos ¿qué cataloga como perfecto? ¿Perfecto es aquello que la sociedad impone (pensemos en la familia tipo de los años ’40 norteamericanos con sus casas blancas y azules, sus parques, sus vecinos felices; la foto de la publicidad de cereal) o es aquello forjado por nuestros deseos? La perfección es terriblemente subjetiva, somos nosotros los que formamos una idea de perfección en relación a nuestros deseos en conjunto con lo que nos impone la sociedad. Esa es la perfección. Hace nueve meses me di cuenta, al ver su sonrisa, que había encontrado mi pedacito de perfección dentro de todo el caos que me rodeaba.

Releo estos párrafos y realmente no sé a qué quiero llegar, eso es lo más parecido a una tormenta de pensamientos que he tenido desde quién-sabe-cuando. El caos reina por todos lados, hay caos en mi cabeza, caos en mi escritura, caos en mi vida. Recuerdo claramente a Hesíodo en este momento, pienso en la Cosmogonía y en sus palabras “para que haya cosmos (orden) tiene que haber kaos (caos)”, entonces si tengo el segundo asegurado, significa que el primero tiene que existir como un ente concreto, físico… Ella. Es así, siempre vuelvo a Ella, desde el día en que la conocí que todo ronda alrededor de Ella. Hasta hace nueve meses atrás (y esto ya se llama aliteración) el amor, ese sentimiento tan raro y tan deseado por el Hombre, no existía para mí, para mí eran mentiras, leyendas, pavadas, lo que sucedía en ese entonces era que había una especie de bloqueo en mí, sabía que amor significaba dolor y no quería salir lastimado porque era orgulloso, porque nunca me habría dejado vencer por un sentimiento. Era un idiota. Cuando la vi, y lo reconozco ahora, cuando la vi sentada en ese cantero con esa campera negra, fumando un largo Benson, no supe resistirme, la miré y sentí que todo se me desmoronaba, todas mis defensas, todos mis temores; en ese momento no lo entendí. Pasó un mes, una luna entera, hasta que me di cuenta de que Ella era mi punto de partida, mi primer motor móvil, mi alpha. A partir de ahí todo cambió, yo cambié, empecé a ver la vida de otra forma, le encontré un sentido a cosas ínfimas, viví momentos únicos, armé un futuro en mi cabeza. Me enamoré. “Jamás imaginé que así era el amor” reza aquella canción de Horcas que tantas veces escuché.

Hoy, en este preciso momento, me pongo a ver hacia atrás y no tengo pasado, todo es borroso desde que la conocí. ¿Quién era yo? Uno más ¿Qué buscaba? Nada, sobrevivir. ¿Cómo estaba conformada mi vida? De banalidades. ¿Mis objetivos? Ninguno. Hoy sé quién soy porque Ella me lo muestra a cada rato; hoy sé que busco hacerla feliz y construir un futuro; hoy mi vida está conformada de recuerdos, hermosos recuerdos imborrables, de esos que duran eternamente como tu primer golpe en bicicleta, tus primeros amigos, la llegada de un/a hermano/a; hoy tengo por objetivo vivir, construir y finalmente morir en algún momento con una vida feliz, con su sonrisa a mi lado.

Ese soy yo ahora, pero este otro, dubitativo y temeroso, débil y expuesto, es el que lee “quiero seas quien me haga sonreir cada día” y sabe que hoy no lo está cumpliendo. Este soy yo, pensando por demás, dejando fluir mi consciencia en vivo en directo. Ludmer dijo en uno de sus libros que la desnudez y los sentimientos exponen toda nuestra vulnerabilidad frente a los otros, nos hacen flaquear, pero al mismo tiempo muestran lo que realmente somos.

Cambio y fuera.

 
Deja un comentario

Publicado por en febrero 16, 2012 en My mind

 

Tres palabras.

Ahí estaba yo, con el contenido de mis bolsillos arriba de la mesa, con las cartas, con los papelitos con su letra, con las fotos, con las sonrisas que no puedo borrar, con los momentos que no quiero borrar, con toda mi desnudez sobre la mesa, justo frente a ella esperando su respuesta.

Ahí estaba yo, esperando esa sonrisa que tanto extrañaba, esa mirada única que sólo ella tiene, ese abrazo que tantas otras veces me dio y me llenó el alma.

Ahí estaba yo sin más explicaciones, sin más respuestas, sin nada más para decir, prometiendo cambios, queriendo verla bien, esperando a que volviera a ser la misma de ayer.

Ahí estaba yo frente a la persona por la que haría girar el mundo al revés.

Ahí estaba yo esperando a que volviera y me dijera “te amo” al oído con esa voz finita de nena que aflojaría el corazón más duro.

Ahí estaba yo.

 
2 comentarios

Publicado por en enero 22, 2012 en My mind

 

Esperaba… esperaba…

Estaba ahí, esperando como hacía mucho que no esperaba, parado en el punto exacto en el que se unen los dos caminos; en el medio de la encrucijada. Ahí estaba, sin guitarra, esperando. Desde el Oeste se acercaba la Naturaleza a pasos agigantados que, ayudada por Eolos, se tragaba el cielo azul y escupía detrás de sí convertido en una masa amorfa y fluctuante de color gris oscuro. Cada tanto oteaba hacía el Oeste, controlaba la hora en el reloj de pulsera y corría unos milímetros la pequeña maleta con la que cargaba, una manía quizá.

Desde el Oeste, siempre desde el Oeste, el viento llegó suave calmando un poco el insostenible calor de la tarde. Corría, como quien dice, una brisa lenta y tranquila que traía consigo la promesa de empeorar. Si algo nos dejó Schiller es su concepción de la naturaleza en ese final de William Tell, la naturaleza como el elemento purificador que limpia el karma del sujeto. Sin embargo, si algo nos dejó el naturalismo de Zolá es que la naturaleza es el reflejo mismo del acontecer humano, en ella se reflejan los sentimientos y se termina convirtiendo en esa lluvia torrencial que se desata sobre el personaje del “Paro forzoso”. Pero aún así, conociendo las dos caras de la moneda que la literatura le había eseñado, seguía ahí parado haciéndole frente no solo al ventarrón en el que devino la brisa, sino también a la tormenta que se levantaba desde el Oeste y con ella, a sus temores.

De un momento para el otro, el cielo se tornó negro, la tarde murió con el primer trueno que sonó como una bomba que estalla en el aire. Tembló la tierra y el viento gélido tomó el control de la situación. Pero ahí estaba, quieto, sin guitarra, con una mueca de dolor en el rostro, casi como una sonrisa apagada, con una maleta y Godot, Godot estaba claro que no era la persona a la que esperaba. ¿Qué esperaba? Lo sabía, sabía muy bien lo que hacía.

Un segundo estruendo rompió con el silencio, un silencio tan grande que le permitía a un hombre escuchar los latidos del corazón de otro como si de un eco inmortal se tratase. Ahora miraba hacia el cielo, la mueca estaba ahí casi pintada en el rostro.

Tirá con todo lo que tenés, dale…—nada— ¡Tirá, la puta que te parió!

No pasaba nada, sólo unas gotas sobre la tierra. Seguía gritándole a Zeus mientras abría la maleta para sacar lo que ésta guardaba. Gritaba y armaba esa antena… ese pararayos.

¡Dale tirá acá si tenés puntería! ¡Tirá de una vez! —Gritaba con lágrimas en los ojos mientras sostenía en lo alto con la mano derecha el improvisado pararayos.

Zeus no disparó. La tormenta no reventó. Y quedé ahí, tirado sobre la tierra a la espera del castigo divino, de la purificación que la naturaleza jamás iba a otorgarme. Estaba ahí y esperaba, solo.

 
Deja un comentario

Publicado por en enero 21, 2012 en My mind

 

¿En qué pensás, cuando pensás?

Pensar es querer escribir esto ordenando las palabras, pensar no es lo que sucede en mi cabeza mientras los bits se convierten en caracteres visibles, pensar es lo que me llevó a escribir esto en primera instancia, pero no el fin último. Pensar, si todos pensáramos dos minutos antes de actuar, ¡qué diferente sería la vida!

Hay acciones y reacciones, activar la cabeza, detenerse dos minutos y vislumbrar la vorágine de la vida desde afuera puede ser el único modo de impedir cualquier tipo de reacción indeseada frente a una acción inapropiada. La felicidad, atada a cada uno de nuestros movimientos, estalla en el mismo instante en que el constante devenir del tiempo (con sus idas y vueltas) se ve impulsado por un acto falto de pensamiento. Pensar en pensar es, claramente, metafísica del pensamiento, o pensamiento de la metafísica, en verdad no estoy demasiado seguro; lo único de lo que tengo certeza es de que pienso, dijo René, pero en ese momento, estaba pensando en que pensaba y que pensar es lo único que hacía para existir. El intrincado juego de palabras, la aliteración hasta alcanzar la cacofonía, puede ser un excelente —por no decir el más perfecto— reflejo de nuestros pensamientos.

Pienso en Vladimir y Estragón esperando a su “pequeño dios” a la sombra de ese árbol deshojado, pienso en el monólogo de Lucky, en la verborrágia absurda que expulsaba su boca y no puedo dejar de imaginar en que Beckett plasmaba en esas acciones de sus personajes los sucesos que tenían lugar en su mente. Pensaba en que lo estaba haciendo y el resultado fue “Esperando a Godot”. De todas formas, la teoría del caos no se aplica a esa obra, todos y cada uno de sus personajes son estáticos, la vida no lo es.

Encontrar la verdad en un autobús, como propone Cortázar en “Una flor amarilla”, es un ejemplo de que la teoría del caos es real, pero al mismo tiempo demuestra que pensar en exceso es tan malo como no hacerlo.  Ese hombre probablemente se encontró con un niño al que le implantó su vida, como cuando recordamos un sueño y lo modificamos según nuestro criterio, nuestro deseo, alejándonos, muchas veces, de lo que realmente vimos. Es posible que el niño haya terminado muriendo por culpa del deseo del hombre por que fuese una imagen de él mismo, porque la esquizofrenia lo llevó a desarrollar una realidad inexistente en la que él se encontraba con su propia reencarnación debido a un salto en el disco del destino. “Sobrepensar”, pensar en exceso no es más que un sinónimo de “sucesos nefastos”, pensar en pensar es —lejos de pensar al cuadrado— lo nefasto per se.

Pensar deriva en la creación de mundos fantásticos, en la conformación situaciones ilusorias. Pensar puede acarrear problemas o construír maravillas; uno es capaz de forjar un mundo de la nada o destruir todos los mundos existentes. Sentarse a pensar antes de actuar es el acto más sabio que el hombre puede realizar, aunque en determinados momentos la situación nos supere, aunque el mundo se convierta para nosotros en la biblioteca de Babel donde no entendemos nada y al mismo tiempo entendemos sólo lo que queremos entender, pensar no deja de ser una buena decisión. Escuchar la multiplicidad de lenguas, intentar comprenderlas y desencriptarlas para luego responder es pensar en pensar. Pensar al cuadrado o la metafísica del pensamiento.

Me pregunto qué habría hecho el personaje de Borges en “Ruinas circulares” si se hubiese sentado a pensar en su destino antes de lanzarse al fuego en busca de su propia invención, de ese sujeto que creó con el pensamiento.

“Pienso, luego pienso que existo”, tendría que haber planteado Descarte en sus “Meditaciones”.

 
3 comentarios

Publicado por en octubre 17, 2011 en My mind

 

“Salió al banco”

La rama original.

Gracias al avance expansivo de la tecnología (en ciertas áreas, claro está), ahora puedo hacer expreso desde un asiento de colectivo, la fila del supermercado, la silla de la peluquería o la ventanilla del Departamento de Alumnos de mi facultad el odio indescriptible que puede provocarme una situación individual. Prepárense Olvidados lectores para enfrentarse a un texto cargado de oraciones extensísimas, porque la lectura de Saer ha dejado marcas irrefrenables en mis modos de composición del relato. Espero concluir este texto en los próximos veinte minutos, mientras pueda seguir colgándome del Wi-Fi de la universidad.

Con “The Ripper” de Judas Priest de fondo —en mis no muy cómodos auriculares— comienzo este despropósito de crítica para nada literaria.

Amanecí en mi cama -no en el suelo- hace un par de horas, afuera llovían, como quien dice, perros y gatos. Me bañé con misteriosa felicidad y predisposición dado que hoy iba a presentar los papeles para adquirir un puesto en la Universidad después de eternos cinco años. Como venía diciéndoles, me bañé, desayuné rápidamente, tomé el paraguas y corrí hacia la parada del colectivo. Hasta ahí todo bien. Subo y desde el vamos apareció la clásica viejecita a la que uno, por ética, moral o idiotez, le cede su asiento recién adquirido. Viajé parado, no fue tan malo. Entonces hizo su aparición nuestro buen amigo el Karma -“cuando el mundo tira para abajo es mejor no estar atado a nada”, dice Baglietto-: el colectivero puso un compilado de Arjona, Saez, Belinda, Sin Bandera y un listado interminable de “cantantes” paupérrimos. Fueron los treinta kilómetros más largos de mi vida.
Al llegar a la “imponente” -cuánta ironía ocultan las comillas- ciudad de Neuquén descubro que mi paraguas ya no trababa y la lluvia insistente y constante parecía haber aumentado su caudal. Los dioses, claramente, no jugaban en mi equipo. Caminé en subida unas ocho cuadras sosteniendo la base del adminículo que debía protegerme del líquido originario hasta que, utilizando los conocimientos que un viejo amigo apellidado MacGiver me dio, tomé una rama y arreglé el objeto empujando hacia arriba las cinco cuadras restantes.

La universidad era el fin último, sólo debía llegar, entregar las hojas que lo construyen a uno como sujeto laboral y comenzar el descenso cual Orfeo al Hades. Entré al edificio, que recuerda a un búnker alemán por sus pasillos, pasé al baño, me arreglé el pelo a los manotazos y procedí a acercarme al Departamento de Letras. Asido a la manija de la puerta descubrí con indescriptible terror que mi ingreso estaba restringido; en pocas palabras, estaba cerrado. Me dirigí al Departamento de Alumnos todavía con un resto de esperanza, pregunté por la tal Marité y me respondieron: “recién se fue al banco, no sé si va a volver”. Traté de poner cara de póker pero no me salió, miré el horario de atención “de 9 a 13”, a todo esto eran las 11 en mi reloj.

Puteo por dentro. “Espero”, respondí.

Iluso.

Ahora, a las 12:37, al menos he visto pasar a una treintena de personas. Ninguna fue la tal Marité.

 
2 comentarios

Publicado por en octubre 7, 2011 en Real world

 

Unas pocas palabras.

Mientras busco las palabras para completar esta entrada tardía, pero ubicada en el momento justo, el mundo allá afuera sigue rodando, sigue cambiando; permanece en eterno movimiento. Sin embargo, dentro de esta habitación el tiempo se volvió estático en el mismo momento en que tus palabras perdieron su brillo natural y se oscurecieron bajo una sombra parcial de incomprensión, desilusión y molestia.

Mi pie derecho, apoyado sobre mi muslo izquierdo, se mueve inquieto. Mi estómago permanece cerrado, se contorsiona y se transforma con cada una de las letras que tipeo. Mi sistema nervioso está alterado, intranquilo, atemorizado; sufro los miedos absurdos de un nene a quien le dicen que El Cuco existe y puede estar debajo de su cama. Mi pecho se opone a mi mente: el corazón late sin control, desesperado, nervioso, siente el vacío general que le provoca tu angustia; mi cerebro no deja de pensarte, de extrañarte, no encuentra palabras para explicarse. Entre los dos sienten que lo que dije no estuvo mal, que fue una muestra de cariño; sin embargo, al mismo tiempo sienten que las manos tendrían que haberse quedado quietas cuando fue el momento, no deberían haberse rebajado al impulso de refutar.

Acá sentado pienso en las posibilidades, en las infinitas posibilidades que se abrieron antes de cada acción, las pienso en vano porque ya elegí una entre todas. Pienso en los resultados si no hubiese visto jamás ese comentario; pienso en todo lo que podría haber respondido y no respondí; pienso en esa posibilidad de detenerme antes, mucho antes; pienso en cómo sería hoy yo sin vos. Te pienso.

 
Deja un comentario

Publicado por en julio 30, 2011 en My mind