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El alquimista

El nacimiento del alquimista es como el nacimiento de Fígaro, aunque aquel no tiene nombre, bueno, si lo tiene pero ustedes no lo sabrán. Rumpelstikin, el personaje de los hermanos Grimm, siempre me gustó, me parecía un Leprechaun muy particular, a diferencia de otros que nos mostró el buen Walt Disney, éste era malvado y disfrutaba del sufriemiento de las personas. Extorisionó a una joven  luego de ayudarle a convertirse en reina, le pidió su primer hijo a cambio del favor que el hombrecillo hacía para ella: convertir el heno en oro. Así fue que la única forma que ella tenía para liberarse de este castigo era adivinar el nombre de aquel extraño ser; “No! ese no es mi nombre” es lo único que el duendecito repetía, “No! ese no es mi nombre”, cada vez que la reina decía un nombre al azar. Sin embargo Rumpelstikin falló, habló de más en su soledad y la muchacha se liberó de la maldición, salvando a su hijo con ella.

¿Por qué te cuento esto? no lo sé, me agrada esa historia. Y quizás me parezca un poco a él. Lo dejo a tu criterio.

 

2 Respuestas a “El alquimista

  1. karuxxz

    diciembre 9, 2009 at 1:52

    “Lo dejo a tu criterio”

    😉

     
  2. Miss Bathory

    julio 4, 2010 at 5:42

    Definitivamente, entre más leo, ¡más me gusta!
    Rumpelstikin, ¿cómo no quererlo? Es como una ventanita de escape hacia un lugar distinto dentro de los libros infantiles, aquella ventana por la que muchos nos fuimos…

     

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