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Archivo de la categoría: Editorial

Los números de 2012

Este va a ser el último posteo de un año que se va, un año con idas y vueltas, con altibajos, con felicidad y tristeza. No fue un año cualquiera. Haciendo uso de la Navaja de Ockham sólo voy a decir que fue un 2012 que arrasó con todos los esquemas y se plantó hacia el final con novedades y alegrías. Pese a que para el blog no fue un año demasiado productivo, quiero agradecer mediante estas pocas palabras a todas esas personas que llegaron desde todo el mundo, la verdad es que nunca me lo habría imaginado.

Gracias a todos ustedes por entrar a este pequeñísimo espacio en la red, a este lugar donde mis memorias suelen volverse realidad.

Feliz año para todos.

Y ahora sí, el informe que prepararon los duendes de las estadísticas de WordPress.com

Aquí hay un extracto:

600 personas llegaron a la cima del monte Everest in 2012. Este blog tiene 2.900 visitas en 2012. Si cada persona que ha llegado a la cima del monte Everest visitara este blog, se habría tardado 5 años en obtener esas visitas.

Haz click para ver el reporte completo.

 
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Publicado por en diciembre 30, 2012 en Editorial

 

2 de abril.

Para todos aquellos que jamás se pusieron a pensar en la ironía de conmemorar esta fecha como “el día de los caídos en Malvinas”, quizá este sea un buen momento para hacerlo. Se conmemora de antemano un conflicto que, a estas horas, recién estaba comenzando sobre el suelo malvinense; los caídos fueron muchos hasta el 14 de junio en que se gritó el cese el fuego en las internas del gobierno de Galtieri. Hoy estoy a favor de aquellos que bajo la bandera de “intelectuales argentinos” —en un tiempo en el que la intelectualidad en Argentina pasa por la crítica al gobierno o a los medios— propusieron repensar la fecha para que su conmemoración y el respeto a los soldados tuviese un mayor sentido. A veces, la Historia debe ser levemente modificada.

Pese a que estuve, estoy y estaré en contra del conflicto bélico movilizado por los tres grandes idiotas del siglo XX argentino, creo que es tiempo de cambios porque es claro que al día de hoy, a treinta años de aquella fecha, Mavinas no es nuestra y si las cosas siguen como hasta ahora, es probable que no lo vuelvan a ser. Para el argentino esas islas son un fragmento de cuerpo arrancado, desde pequeños nos inculcan que fueron, son y serán nuestras, plantan en nuestra mente una idea casi utópica teniendo en cuenta todo el agua que pasó debajo del puente desde aquél 2 de abril de 1982. Aún así, creo que es necesario recordar a aquellos muchachos que estuvieron día y noche en ese árido peñasco defendiendo un ideal, una causa, un país.

JUAN LÓPEZ Y JOHN WARD

Les tocó en suerte una época extraña.

El planeta había sido parcelado en distintos países, cada uno provisto de lealtades, de queridas memorias, de un pasado sin duda heroico, de derechos, de agravios, de una mitología peculiar, de próceres de bronce, de aniversarios, de demagogos y de símbolos. Esa división, cara a los catógrafos, auspiciaba las guerras.

López había nacido en la ciudad junto al río inmóvil; Ward, en las afueras de la ciudad por la que caminó Father Brown. Había estudiado castellano para leer el Quijote.

El otro profesaba el amor de Conrad, que le había sido revelado en una aula de la calle Viamonte.

Hubieran sido amigos, pero se vieron una sola vez cara a cara, en unas islas demasiado famosas, y cada uno de los dos fue Caín, y cada uno, Abel.

Los enterraron juntos. La nieve y la corrupción los conocen.

El hecho que refiero pasó en un tiempo que no podemos entender.

26 de agosto de 1982

Jorge Luis Borges.

 
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Publicado por en abril 2, 2012 en Editorial

 

Llévame al frío acero

¿Pensaron que había muerto o que, en su defecto, había abandonado totalmente este espacio? Error. Peripecias y azañas para nada épicas influyeron en el abandono temporal de mi blog. Hay alquimia para rato, hay letra para muchas cosas, sólo hay que despertar al gigante dormido y convocar a las Musas.

“Y así, a través de crepúsculos sin fin, soñaba y esperaba, aún cuando no supiera qué. Hasta que en mi negra soledad, el deseo de luz se hizo tan frenético que ya no pude permanecer inactivo y mis manos suplicantes se elevaron hacia esa única torre en ruinas que por encima de la arboleda se hundía en el cielo exterior e ignoto. Y por fin resolví escalar la torre, aunque me cayera; ya que mejor era vislumbrar un instante el cielo y perecer, que vivir sin haber contemplado jamás el día.”

 
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Publicado por en octubre 6, 2010 en Editorial, My mind

 

New ends and beginnings

No es la compañía que busco” comenzó diciendo, y luego las lágrimas se le atoraron en la garganta. Todo había terminado y ya no había nada más por hacer; el proyecto de futuro perfecto se desmoronaba ante los ojos de ambos, se caía a pedazos sobre el sueño como si de una vieja y ajeada mampostería se tratara. Él sabía que no habría vuelta atrás después de esas duras palabras, no quiso aumentar el tono dramático de la situación y simplemente se dedicó a asentir en silencio los designios de la muchacha. En lo más profundo de su Ser se sentía aliviado, aliviado porque sabía que ella iba a tener un futuro mejor, el futuro que se merecía y que, definitivamente, jamás había sido escrito con sus nombres en un mismo renglón; sin embargo, una parte de él se estaba despegando de un sentimiento agradable, cálido, pese a que nunca había logrado llenarlo.

El tiempo llegó para ambos, el final no estaba escrito, los Dioses jamás se preocuparon por escribir una página con esa historia; fue lindo mientras duró, pero no estaba hecho para durar. El final los atrapó colgados de un árbol en medio de una noche fría de invierno.

·

Pasó una increíble cantidad de tiempo desde la última vez que, siquiera, entré al blog. Para ser sincero, no me atreví a hacerlo, no me sentía con las ganas ni la fortaleza necesaria como para escribir algo sólido, consistente y “bueno”, lo único que podía resultar de eso iba a ser un desastre. Sin embargo, mi mente siguió trabajando, muchas fueron las veces que tipeé la página y en un abrir y cerrar de ojos la borré sin apretar “enter“, en la cabeza de uno siempre hay palabras dando vuelta, disparadores, puntas de sogas de las que agarrarse y escribir una increíble cantidad de cosas. Así sucedió esta vez, sólo que no lo concreté.

Pero acá estoy, de vuelta, con ganas, necesidad y deseos de escribir, de retomar proyectos, de avanzar un poco, mejorar, perfeccionar, entretener y, por sobre todo, compartir. Estas vacaciones fueron muy particulares, no me atacó un bloqueo de escritor (ojalá hubiese sido eso), fue mas bien como un desgano generalizado, un odio hacia las palabras, casi una fobia, si no fuese porque no gritaba, ni lloraba ni esas cosas que hacen los fóbicos. Tampoco encontré reconciliación con la naturaleza, si algo el faltó a este invierno fue eso, contacto con el exterior. En cambio, hubo algo, algo importante: amigos. Llegó gente que hacía mucho tiempo que no veía, llegaron personas con novedades bajo el brazo, algo que acá ya conocíamos, que jugábamos pero no al mismo nivel; con los amigos llegaron los boardgames.

Los boardgames y las tardes de mates, bizcochitos y un “Dominion” mientras tanto. Las noches de Vodka, cerveza y metal mientras en la mesa se jugaba un “San Petersburgo“, un “Bang“, “Citadels” y unos cuantos “Guillotine“. Los juegos de mesa abarcaron todo el espacio, absobieron el oxígeno y se lo guardaron para sí, lo mantuvieron prisieronero dentro de sus cajas de cartón como si fuese una droga que se libera en el ambiente y atrapa a cuanto humano la huele. “Ser un Cylon” o no serlo, quién es el “Renegade“, dónde está la cabeza de Roberspiere o, simplemente, quién tiene más puntos de victoria. Todas las vacaciones se resumieron a esas preguntas, a esas interrogantes, a esos simples juegos de cartas o tablero, que me devolvieron las ganas de hacer algo ocioso, hacía miles de años que buscaba un entretenimiento simple y atrapante. Los boardgames europeos resultaron ser lo que buscaba.

De todos modos, durante el tiempo que permanecí ausente de “La bitácora“, sucedió un clásico viaje relámpago a lo que alguna vez denominé “las tierras del vino“, tomó partido el estudio y rindió sus frutos, aparecieron los bajones por esos muertos que todos tenemos guardados en nuestro placard; muchas cosas llegaron a su fin y muchas otras comenzaron o están a punto de comenzar. La cuestión, ahora, está plantada sobre otras bases; el pasado comenzó a esfumarse en el mismísimo momento en que tecleé la primera letra de esta entrada, desaparece y se pierde en las inmensidades de una línea espacio-temporal que alberga infinitos caminos, infinitos sucesos, infinitas entradas virtuales y reales. El futuro está ahí adelante, está sucediendo en este mismo momento y es,precisamente eso lo que quiero lograr con esto, abrir las puertas hacia el futuro.

Por eso, querídisimos y añorados lectores, son muchas las cosas que este alquimista tiene para contar y pueden dar por seguro que esta vez el comienzo se da para no terminar jamás. Estas casi mil palabras dan lugar a “las formas que vendrán“, sólo deben esperar sentdos en sus cómodos asientos y apretar el #5 para entrar en sistema. Bienvenidos, una vez más, a mi laboratorio…

 
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Publicado por en agosto 14, 2010 en Editorial

 

Decálogo de cumpleños

Año tras año siempre ocurre lo mismo, cuando de cumpleaños se trata las cosas jamás cambian. Desde las inocentes fiestas en las que uno regalaba —absurdas pero muy entretenidas— bolsitas con juguetes, tomaba gaseosa de naranja y jugaba a la pelota; hasta las jodas —ya de secundaria— en las que la pizza, el fernet, la cerveza, las charlas delirantes y la música, suplantan a las bolsitas por juguete y a las gaseosas de naranja. Por esa y por otras tantas cosas más es que he decidido, en el día de mi cumpleaños, formular este decálogo que pecará de delirante e innecesario:

Un año más, un año menos. Hay gente a la que le gusta cumplir años y gente a la que no; estos últimos, por lo general, esperan no envejecer jamás o, como es mi caso, esperar inútilmente la inmortalidad. Con cada año nuevo que llega es uno menos de vida que nos queda, pero eso sería pensar de forma demasiado pesimista; es mejor pensar que hay algo de las “amebas inmortales“, esas de las costas japonesas, en nosotros y rogar por que en algún momento, cuando menos lo esperemos, se active. Como en Highlander, que se daban cuenta de su inmortalidad porque se despertaban llenos de plomo, con el cuello fracturado y cosas por el estilo…

¡Uh, cayó un miércoles!. Cuando eras chico te importaba poco y nada qué día caía tu cumpleaños, a fin de cuentas no tenías ningún tipo de preocupación y podías, tranquilamente, festejarlo igual. Cuando subís de nivel y entrás en la secundaria la historia es otra: seguro tenés taller o clases a la tarde, asique el festejo espera hasta el fin de semana; eso sí, de los golpes no te salvás. En cambio, en la universidad la situación vuelve a cambiar: podés no cursar ese día pero, seguramente, vas a tener para hacer tres monografías, dos ensayos, un informe; tus amigos laburan o cursan y vos tenés que ir si o sí a la facultad para entregar un trabajo insignificante que podrías haber mandado por mail. Una vez más decís: “lo dejo para el finde“, pero te olvidaste que tenés una jornada de lectura de trabajos ese sábado. “Buenísimo, lo festejo dentro de tres meses, no hay drama.”

La fiebre mundialista. Cuando tu cumpleaños cae a dos semanas de terminar el evento futbolístico más importante del universo —porque dudo que los extraterrestres jueguen al fútbol— y la selección de tu país está a punto de disputarse el pase a semifinal, el horno no está para bollos. Todos andan alterados y cuando eso sucede el apetito aumenta, por ende, es mejor tener una o dos dotaciones extras de comida al momento de festejarlo para no irse a las manos con aquél que quedó hambriento. Nunca falta quien quiere más porque, por criticar a Mascherano, no comió lo suficiente.

La necesidad de Selva negra. Definitivamente, no hay cumpleaños sin una buena selva negra, ¡eso es una torta!. Y ni hablar si a eso se le suma una torta de mouse de chocolate con crema, una pastafrola (infaltable), una bomba de chocolate con dulce de leche y la especialidad de la casa: el banana split. ¡Marche la torta!

El colgado. Todavía me pregunto si la gente que se autodenomina “colgada” para con la vida cotidiana, olvida —valga la redundancia de la situación— su condición de sujeto “colgado” cuando se aproxima un cumpleaños. Ese nunca falta, es el primero en llegar, el último en irse y el que menos comida te va a dejar sobre la mesa. Después de todo, es tu amigo y lo bancás, pero seguirá siendo un misterio hasta que se me ocurra ahondar en la cuestión.

“¿Regalo? no te hagas drama”. Esta es la mentira más grande de la historia después de los dinosaurios, los esquimales y el “no sos vos, soy yo“. Podés contentarte con la presencia de tus amigos en la reunión, de la chica que te interesa (cosa que nunca sucede), pero SIEMPRE esperás, aunque sea, un regalo al cual destrozarle el envoltorio. “Felicitaciones, es un nuevo par de medias azules y un boxer blanco.”

“Es como tirar una salchicha en un pasillo”. El cumpleaños, dada la pluralidad de sujetos que asisten, es el ambiente perfecto para las frases que hacen historia. Grupos variados se forman aquí y allá, estos hablan de la facultad, aquellos de Tinelli y su bailando por un sueño y los otros suelen estar en su mundo virtual, esa otra dimensión que solo algunos comprendemos. De allí es de donde provienen frases que perdurarán en el tiempo, que jamás podrán ser olvidadas y que los otros dos grupos nunca podrían comprender correctamente. Eso es lo que llamo humor inglés: es una bomba escondida bajo un manto de sutilidad y necesitás un mínimo de pensamiento lateral para comprenderlo.

Música y alcohol. A ver, la música suele ser siempre metal en sus formas más variadas; claro está que uno no va a poner Manowar para cuando corte la torta porque, probablemente, el 90% de las mujeres abandone la estancia con la excusa de que se olvidó el horno prendido en casa. Sin embargo, siempre se escapa alguna canción de bandas de power metal como Rhapsody, por ejemplo, y uno, con un poco de alcohol en sangre, termina bailando la coreografía ideada para tal canción. Sí, una coreografía para una canción de power metal, ¡eso es innovar!

“Che, ¿me traés una rejilla?”. Se suma a la lista de las cosas que NUNCA faltan en el cumpleaños: la volcada de gaseosa/cerveza. Hombre precavido aquél que vaticina el vuelque de líquido sobre el mantel recién sacado del cajón, con perfume a “Vívere” (chivo) y coloca el nylon para ahorrarse problemas. El sujeto volcador es infaltable en el cumpleaños, se sienta al lado del que se come hasta las servilletas, se va último y, encima, te vuelca la Coca-Cola con la excusa de: “¡Uh, no la vi. Yo quería papitas fritas de esas que  están atrás de tres botellas, dos vasos y una torta“. Asentís con la cabeza y buscás la rejilla, limpias y a los 20 minutos escuchas la misma excusa, pero ahora con palitos.

Orden y limpieza. La verdadera odisea onomástica es esta parte, la limpieza de la gran mesa que, momentos atrás, estuvo repleta de cosas dulces, saladas, gaseosas y alcohol. Ahora es un verdadero cementerio de animales que esconderá cosas terribles y asquerosas: servilletas llenas de gaseosa, pegoteadas con dulce de leche, manchas de membrillo en el mantel, cadáveres de bebidas y algún trozo de Selva negra que se cayó al piso y no comieron. Bolsas y bolsas de basura serán el resultado de la reunión que juntó a todos los avatares posibles de una fiesta: el callado, el que habla, el que vuelca, el que come, el que chamuya y no le sale, el que chamuya y le sale, el emo, el metalero, la secretaria, la intelectual, la hippie, la fiestera y los borrachos.

Dioses exteriores, frases irrelevantes, comentarios delirantes, conversaciones típicas de cada uno de los sub grupos que se forman dentro de la reunión, el cumpleañero pasando por cada uno de ellos y comentando algo netamente innecesario. Ese sería el resumen perfecto de lo que es un cumpleaños, pero creo que son otras las cosas que lo describen: comida, mortalidad y alcohol. El día en que los científicos descubran que tenemos quickening en nuestro interior y que solo debe quedar uno para ganar el juego, se van a acabar los cumpleaños, solo serán grandes banquetes con orgías dionisíacas. Eso es vida.

Dado que este decálogo entro en franca decadencia a partir del punto 3 es que decidí suspender la realización de un próximo hasta el 30/06/2011. Evito problemas, aburrimiento y me ahorro el odio de la masa lectora.

Hasta la próxima.

 
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Publicado por en junio 30, 2010 en Delirio Suburbano, Editorial

 

Se vino el cambiaso y no es el jugador.

Dentro del marco del Mundial de Sudáfrica 2010, he decidio darle un lavado de cara al blog —y aclaro que nada tiene que ver con el evento futbolístico—, no en contenido, no en acidez, sino en su aspecto visual. La verdad es que tengo ganas de cambiarle el skin desde hace ya un tiempo, pero ninguno de los temas que me brindaba WordPress eran de mi agrado; hasta que encontré este. Espero que les guste.

Como podrán ver, este nuevo “empapelado“, como voy a llamarle desde ahora, tiene varias cosas nuevas: entre ellas se puede destacar la flechita negra —como hecha en lápiz— que marca el inicio de un post; también se puede notar que los títulos de los posts aparecen ahora en un rojo opaco al mejor estilo Harley Queen (?); el fondo es como una hoja de papel Rivadavia, para recordar los viejos tiempos en los que escribíamos sobre los cuadernos esos con papel de arañitas —que nada tenían que ver con Spider-Man—; cómo olvidar a los globitos de texto que aparecen en el extremo superior derecho de cada post —son igual de útiles que Jonás Gutiérrez o el “Chino” Garcé—; abajo, si abajo del todo, el “empapelado” tiene una segunda barra que en algún momento voy a rellenar, todavía no sé con qué. Y para finalizar, (porque son las 3:12 a.m y mañana hay partidos de fútbol que mirar y textos de filosofía que leer) las dos cosas que no me gustaron: la barra a la izquierda —para zurdos— y la imposibilidad de ponerle un “header” como en el anterior. Pero, supongo que es evolución, ¿no?

En estos días sub siguientes voy a estar poniendo a tono algunos posts viejos que tiene marcas que es necesario borrar —puntos separadores en el color de fondo. Por suerte, ningún post se me desarmó con el cambio de formato asique estoy felíz por ello, menos trabajo para mí en una época en la que el ocio escacea. De todos modos, no va a tardar en aparecer por acá un post mundialista más allá de mi poco fervor hacia el fútbol; ya me tenté, sin ningún resultado, de escribir sobre el entretenidísimo final de EslovaquiaNueva Zelanda (1 a 1) en la que los “Soccer All Blacks” le borraron la sonrisa a Weiss en su debut al empatarle el partido a los 30″ de  que terminara (encima, en tiempo complementario). Pero ese no es el tema ahora, me tiento y me voy por las ramas, ya parezco “Niembro“, en cualquier momento empiezo con las acotaciones absurdas sobre la cantidad de km que corrió Verón antes de empezara a caminar por la cancha.

Finalizo el post a las 3:37 a.m y me voy a charlar con Soriano un rato antes de dormirme, porque Rochita y Galván tienen una pelea que contarme —solo espero que el porteño, pese a tener la zurda hinchada, le meta un derechazo al milico Sepúlveda y deje a todo Colonia Vela con el culo en la silla.

Au revoir!

 
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Publicado por en junio 16, 2010 en Editorial

 

¿Y entonces qué?

Supongo que, después de tanto tiempo, algún día tenía volver y que dar la cara, quizás hablar sobre algunas cosas como “buen” blogger -¡ja!-. Creo que lo último que soy es un buen blogger; aunque, en realidad, no comprendo muy bien su verdadero significado.

Siempre lo dije: para mí el blog es una hoja en blanco en la que escribo por gusto o porque lo necesito. Es algo sumamente personal que comparto con cierta gente -muy poca, por cierto-, pero tampoco es mi intención que esto se vuelva algo masivo, así está bien. De todos modos, hacía bastante que no me tomaba un ratito de mi vida para escribir algunas palabras, alejadas de los cuentos o mis preguntas retóricas.

Como podrán notar, mis últimos posteos han sido bastante irregulares a diferencia de los del mes de diciembre, en el que había algo nuevo por día. La razón es simple: en esos momentos había cierto dejo de emoción y de felicidad mezclados. Un día esa felicidad desapareció y mi cabeza volvió a su estado de animación suspendida. Hoy escribo de nuevo, sin prometer una regularidad pero si asegurando la pura existencia del blog y de mis actualizaciones.

“En las sombras del Tiempo” sigue siendo mi gran proyecto ambicioso y, como tal, lo voy a continuar hasta el final. Necesito ver a mi criatura con vida y creo que, aquellos que lo siguen, tienen ansias de saber qué diablos le pasa a su protagonista -que, por cierto, es un tipo con mucha mala suerte, como habrán notado-. El impás de un mes entre la cuarta y la quinta publicación se debió a algo simple: no estuve en la región. Sin embargo, encontré la forma de que, siguiendo los lineamientos de Lovecraft, quedara perfecto y le diera una razón más al personaje para dudar y temer. Les puedo asegurar que está metido en un BUEN lío.

Pero, además de este cuento/novela, agregué algunos cuentos sueltos, entre ellos el que publiqué ayer: “Un gusto adquirido”; totalmente de mi propiedad, desarrollado, dirigido y producido por quien les escribe. Espero que les haya agradado tanto como a mí al momento de verlo terminado, creo que no me sentía yo si no le daba un espacio a los vampiros en mi blog. Prometo que habrá más, mas cuentos varios, no sé si sobre vampiros. De hecho, tengo uno esperando para salir del Word y entrar al blog, pero voy a dejar pasar unos días hasta que vea la luz.

Por el momento, me despido hasta la próxima. Hay todo un mundo por explorar más allá de la ventana.

Alquimista, cambio y fuera.

 
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Publicado por en febrero 25, 2010 en Editorial