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El día en que Mazinger no vino

13 Mar

Foto exclusiva de Mazinger en sus vacaciones con Afrodita

 

 

Creo que eran las 03:15 a.m. del 11 de Marzo mientras combatía con un mosquito que tranquilamente podría haber sido la reencarnación de Connor McCloud, cuando me enteré vía Twitter (los comentarios van al final, cuando termine la ponencia) sobre la catástrofe que estaba azotando a Japón. Por un momento dije: “uh! que cagada estar durmiendo en un tercer piso y sentir el ruido del agua afuera“; pero ahí nomás recordé que las doce horas de diferencia con el país nipón permitían que de aquél lado del globo fuesen las 15:15 hs (y me guardo el comentario para cuando hable de numerología). Entonces, instintivamente pensé: “uh! que cagada estar durmiendo la siesta en un tercer piso y sentir el ruido del agua afuera“; sí, tengo la teoría de que indefectiblemente alguien debía estar durmiendo. Si el tsunami hubiese sido en Argentina, seguramente los santiagueños y los entrerrianos habrían estado durmiendo, así que la ley se aplica de forma mundial.

Me puse a investigar rápidamente sobre los acontecimientos, abrí una solapa nueva en el navegador y busqué “taringa” entre mis marcadores —si querés información de último momento, lo mejor es abrir la bolsa de datos que lleva el nombre de Taringa—. Mi instinto de buen “data searcher” no me falló y entre los primeros 10 posteos encontré lo que necesitaba: el post contenía información de la más variada sobre el terremoto, luego sobe el tsunami y, finalmente, una serie de videos que mostraban la realidad japonesa casi en tiempo real. Mientras tanto, en Twitter, el hashtag #japón se actualizaba a la misma velocidad que la ola dejaba bajo el agua a la tierra del sol naciente; los 140 caracteres de la extraña red social se movían tan rápido que leías cosas como: “Murió el creador del PES… cuando un remolino lo tragó hacia el lecho marino” o “Un hombre que iba escapando de la ola chocó con una casa… y apareció Godzilla para salvarlos“. Extrañas frases que claramente eran producto del scrolling (¡cómo estoy hoy con las palabras en inglés!), el sueño y el whisky que tenía al lado.

Es culpa nuestra, el planeta se está vengando por todo lo que le hicimos“, dijo una ecologista fanática en contra del calentamiento global y una absoluta desconocedora de lo que significa: fenómeno natural.

El reloj marcaba casi las 04:00 a.m. cuando me pregunté por primera vez “Y Mazinger, ¿dónde está?“. Para esta altura, la ciudad de Sendai estaba prácticamente cubierta por el agua, los autos y los aviones que venían en el paquete (uno completo, por favor, dijo el Shogun); los reporteros nocturnos gastaban sus pulgares marcando números telefónicos de supuestos argentinos que residen en Japón, pero claro, ninguno aprobó geografía oriental y por eso contactaron con un hombre que vivía al otro lado de la isla, en Ishikawa. “Yo vivo contra el mar de Japón, trabajo en Tokio y tengo a mi familia en medio de la isla“, dijo el argentino—posiblemente cordobés—, “mi esposa me avisó que se venía muy fuerte, asique ahora estoy viajando hacia allá a buscarla, creo que está bien“. El locutor de la radio llevó su palma derecha a su frente y sin saber cómo seguir la conversación simplemente despidió al argento-cordoba-japonés con el que hablaba; en ese momento ni se le cruzó por la cabeza que, horas más tarde, ese único argentino en Japón sería toda una figura mediática por estos lados del globo. “El hombre de la historia impactante” versarían los diarios y los noticieros; “Un argentino en Japón salva a su familia“, decían otros y nadie se acordaría de los japoneses que murieron y/o desaparecieron, lo único que importaba es que ese argentino y su familia estaban bien. —como si eso fuese reconfortante para alguien—. “Viste, el argentino salvó a su familia, menos mal“, debe haber comentado algún cordobés durante el almuerzo del viernes.

A todo esto, eran las cuatro y monedas de la madrugada y Mazinger todavía brillaba por su ausencia. Fue entonces cuando se reveló la verdad para mí: “Filman un OVNI en el lugar de la catástrofe“, versaba el título de una “noticia” en internet. “¡Acá está, sí vino!” me dije con absoluta inocencia y refulgente emoción. Hago click, ingreso a la página y veo que luego de una breve descripción había dos videos del mismo objeto, pero filmados desde diferente ángulo —según el usuario—, focalicé el botón de “play” y esperé a que se cargara. Lamento decir que toda la emoción acumulada se desmoronó en cuestión de segundos cuando ví pasar frente a la cámara un punto negro en dirección sur. El tamaño del objeto no coincidía en lo más mínimo con el Mazinger, Koji Kabuto estaba, seguramente, tomando una caipirinha en Brasil; pero entonces mi mente se iluminó y el nombre Grendizer se formó como si de una sopa de letras se tratara. Me imaginé a la nave que transportaba al robot manejado por Duke Fleed, así que, sin más, cargué el otro video esperando ver los colores blanco, rojo y azul que caracterizan a todos los robot japoneses.

Una vez más me desilusioné. Si uno prestaba atención en ambos videos, podría descubrir fácilmente que eran helicópteros de la prefectura y del ejército japonés, respectivamente. Ni Mazinger, ni Grendizer, ni Godzilla habían aparecido durante la catástrofe. Gokú seguramente estaba en Namekusei y Krillin, probablemente muerto. Seiya y los caballeros de bronce probablemente estuviesen salvando a Atenea de otro de sus malaventurados romances y, bueno, Oliver Atom no es más que un futbolista.

Para las 04:40 a.m. mi computadora ya estaba apagada y yo, bastante desilusionado, ya estaba acostado plácidamente en mi cama mientras que en la Isla de Pascua los cabezones temían por su vida.

Hoy por la tarde, la noticia de que habían encontrado a una ballena estrolada contra un hogar me hizo repensar la teoría conspiratoria de que el mundo se está vengando de nosotros.

Ese 11 de Marzo de 2011 será recordado como el día en que Mazinger no vino.

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Publicado por en marzo 13, 2011 en Delirio Suburbano

 

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