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La semi se tiñe de Naranja.

02 Jul

Qué difícil es borrar la subjetividad extrema que me gustaría dejar plasmada en estas líneas. Un momento, esto pertenecerá a los anaqueles del periodismo y no a los de la crítica literaria, por ende se me permite el uso indiscriminado de comentarios subjetivos:

VAMOS HOLANDA!!!

No pude aguantarme, tenía que decirlo.

Holanda contra Brasil, Brasil contra Holanda; según nuestro comentarista “estrella” Fernando Niembro, nadie se esperaba el triunfo de la selección holandesa en este medio día argentino. Sin embargo, una vez más su claro favoritismo por el pentacampeón lo cegó; yo le tenía fe a la Naranaja Mecánica, esperaba que le demostrara al equipo de Dunga que no son imbatibles y que son humanos. Si algo le hacía falta a Brasil era que alguien lo bajara a la realidad de un pelotazo.

Pero, hablando del partido propiamente dicho, hay que darle la razón a Niembro —cuando la tiene, la tiene—: Holanda jugó un mal primer tiempo, Brasil demostró ser superior en juego, en habilidad y en velocidad. El gol de Robinho a los 9′ dejó ver una Naranja  preocupada por el rival al que se estaba enfrentando, entró desmoralizada y no brilló. La defensa no cumplió como debía, el medio campo mantuvo un juego lento y aburrido y la delantera (Robben, Van Persie y Sneijder) no supo aprovechar las entradas al area brasilera. El resultado fue un gol que ya se venía percibiendo y podrían haber sido,  como mínimo, dos más para Brasil, pero Holanda tuvo suerte.

El segundo tiempo fue distinto, Holanda entró a la cancha mucho más animada, intentando demostrar desde el comienzo que su mecanismo estaba ahí adentro esperando a ser activado. Si algo nos ha enseñado el fútbol es que un gol puede determinar el futuro de todo un partido; Holanda era consciente de eso y lo demostró al regreso del entretiempo. Las formas en las que un gol puede afectar al estado de ánimo de los jugadores son dos: o se desmoralizan, o salen a romper la cancha; la selección holandesa optó por la segunda. Brasil no esperaba que su gol tuviera esa repercusión, por eso no se esperaban el gol holandés que llegó de la mano de Sneijder a 10′ de comenzar esta segunda parte —aunque la Fifa sostenga que fue gol en contra de Brasil, las filmaciones demuestran que fue un tiro libre limpio, dirécto al ángulo.

Brasil se ve presionado, comienza a retrasar su juego y a mimetizarse con el juego holandés del primer tiempo. El partido se pone, lentamente, a favor de La Naranja que se muestra insaciable y busca el segundo tanto. A los 25′ de ese entretenidísimo segundo tiempo, Holanda, nuevamente de la mano de Sneijder, convierte el gol que le da la victoria y deja al pentacampeón tan afuera del mundial como Pelé lo está del fútbol. La desesperación de Brasil los llevará, constantemente, a realizar faltas contra Robben y Kuyt; el resultado: Felipe Melo caminando hacia el banco con una tarjeta roja en su haber. Hay que mencionar que Holanda tuvo tres o cuatro oportunidades que podrían haberle otorgado el tercer gol, sin embargo, faltó calidad para definir.

Julio César pateando el último tiro libre del partido desde media cancha fue una de las cosas más abusdas que hizo el seleccionado brasileño. Estoy seguro de que a los fanáticos de Vélez se les escapó un lagrimón al recordar los años dorados de Chilavert en los que pateaba penales, tiros libres, corners y, por poco, no sacaba él desde mitad de cancha. En fin, esta táctica desesperada era la única opción que podía tener Brasil para empatar el partido a 30 segundos de que finalzara. El Destino quiso que su esfuerzo no sirviera para nada, quizá la desesperación de Dunga jugó en contra y Dios se aburrió de escuchar puteadas hacia él. “A veces, el de abajo también juega“.

El partido terminó, Brasil está afuera de una copa del mundo de balneario —diría un amigo— y Holanda está adentro después de una demostración de confianza, vanlentía y, sobre todo, pasión. Desmoralizó al equipo de Dunga y lideró un partido que, en un principio, parecía ser aburrido. Mañana nos toca a nosotros contra un seleccionado que ya está hablando de más, que se lo ve con demasiada confianza, que busca repetir el resultado del 2006. Sin embargo, la selección argentina ha demostrado ser diferente esta vez, no perdona; asique, todos a comer pulpo al escabeche mientras vemos el partido.

A casa, Pelé los espera...

A esperar se ha dicho.

Hasta la próxima.

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Publicado por en julio 2, 2010 en Fútbol

 

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