RSS

¿Qué sucedió con el sueño americano?

12 May

Hoy es uno de esos días en los que tu cerebro y tu cuerpo no te responden, no quieren hacerlo porque la poca batería que les quedaba se agotó en tu última caminata desde la cocina hasta el estudio. Es uno de esos días en los que el sueño te invade y sentís que hay un solo modo de estar bien: durmiendo. Pero dormir requiere de un doble sacrificio: por un lado habría que transportar el cuerpo hasta la cama, desvestirse y acostarse; y, por el otro, el sacrificio de las horas de vida que uno va a perder cuando caiga en el letargo temporal que denominamos sueño (o REM para los más geeks).

Demasiado trabajo.

Y ahora que pienso en trabajo, se me viene a la mente todo lo que tengo que hacer y que se que no voy a hacer. Estos últimos meses he estado padeciendo una molestia muy significativa, relacionada, claramente, con el aburrimiento absoluto. Aquella universidad que alguna vez me entretuvo y me pareció excelente, hoy, desde hace un tiempo, me parece insuperable; no porque me sea dificil, sino porque ya no veo la hora de darle fin a esa etapa. Cegado por la emoción gasté todas las materias entretenidas, me adeltanté un año, corrí contra el tiempo y me deje las peores para el final, las más aburridas, las insoportables. Y acá estoy, sufriendo porque ya no me interesa leer en griego, no me interesa aprender un idioma muerto, me interesa terminar y salir a hacer algo productivo. Quiero crear, no vivir de lo ya hecho.

Es gracioso. Es utópico. Pero no es imposible.

Pienso, ciertamente, en todos esos hombres que cambiaron la historia, que se ataron a sus páginas sin siquiera saberlo. Fueron aquellos filósofos griegos los primeros en buscarle una razón, un sentido, una causa, al mundo que los rodeaba; fueron los primeros en escapar del mandato de la religión. Abandonaron a sus dioses, los encerraron en el Olimpo y comenzaron a trabajar en explicaciones “científicas” sin saber qué significaba eso. Explicaron la Physis como pudieron, y la concibieron de tal modo que los trabajos de un único hombre perduraron como verdades universales, como dogmas, hasta entrado el siglo XVII. Aristóteles habría estado felíz de lo que logró, pero nunca lo supo; como así tampoco supo en qué terminó su teoría del universo.

Cinco siglos después, un hombre muere en Jerusalem por charlatán. Un par de romanos lo clavaron a una cruz y dejaron que se desangrara hasta morir. Todos sostuvieron que ese hombre de pelo largo y rauda barba era un enviado de Dios, un Dios antropomórfico que nos controlaba desde su Reino en los cielos —ubicado entre el Olimpo y el Valhalla, una linda parcela resguardada por un gran portón dorado—, que tenía el poder sobre el Destino, sobre la vida y la muerte, un dios benévolo. A alguien eso no le gustó, si había un barbudo en el cielo que nos controlaba a todos, entonces el rey no tenía el poder que merecía —ya, desde entonces, la codicia pesaba fuerte en el Hombre—. La cosa es que este muchacho fue crucificado y, muy por el contrario de lo que quisieron lograron con su muerte, se convirtió en el ícono de una institución, la institución más poderosa de todos los tiempos: la Iglesia Cristiana.

Incontables guerras se desataron en nombre de Dios. Poderosa e insaciable, la Iglesia se alzó por sobre el mundo, controlando todo: desde el pueblo hasta al mismo soberano al que alababan. Mataron en su nombre, quemaron en su nombre y controlaron con la excusa de “impartir su palabra”. Ese nombre que esconde el alpha y el omega, se convirtió, rápidamente, en la palabra más trillada de la historia. Llegó hasta América, alcanzó a sus vírgenes habitantes y los controló, se los atribuyó para sí. Su benevolencia se esfumó por la mano del Hombre.

Algunos siglos después a alguien se le ocurrió decir que eramos una partícula en medio de un gran montón de arena. Ese hombre fue tratado de hereje y quemado públicamente; pero tenía fieles seguidores, hombres que creían posible su teoría y buscaban romper con las ideas de un hombre muerto veintiún siglos atrás. Ahí apareció un pisano que miró hacia las estrellas con su telescopio y descubrió una extraña verdad: hay planetas que orbitan a otros planetas. Si bien su teoría fue considerada posible, las autoridades del saber no quisieron arriesgarse y aplicaron los criterios de legitimación sobre sus ideas: Aristóteles no podía estar equivocado y no importaba lo que decían los ojos; los planetas están colgando de una esfera de vidrio y la Tierra es el centro del universo. Una vez más, la Iglesia aplicó su grandísimo poder para guardar ese preligroso conocimiento bajo sus sotanas, si no eramos el centro del universo, si el cielo no era el Reino del Señor, entonces ¿cúal era?

Descartes apareció para terminar de sepultar las ideas aristotélicas, para tirar abajo ese dogma con el poder de la razón y con la duda como herramienta. Dudó de todo y tiró todo al diablo, rompió las columnas que sostenía el techo del modelo aristotélico y salio victoriosó de sus meditaciones. Por si fuera poco, colocó al hombre donde debía: entre el cielo y la tierra. Le otorgó así a Diosla función de válvula de presión, en caso de que no haya de donde sostener toda su teoría estaría Dios para demostrar que el hombre y el mundo, lo pensante y lo medible, era producto de alguien perfecto.

Como dije al principio, el mundo está lleno de gente que hizo algo importante por la historia, gente que se volvió inmortal al tallar su nombre en las entrañas de la vida. De todos esos acá solo mencioné a unos pocos, los primeros que se me vinieron a la cabeza, quizá porque son los más cercanos en este momento. No espero trascender de esa forma, pero espero, algun día, ser recordado por haber hecho algo útil.

En este momento miro hacia ambos lados, prendo la televisión y veo cosas absurdas que son inconcebibles. Busco noticias en internet y lo único que encuentro es periodismo amarillista ¿dónde quedaron los periodistas de alma?¿por qué son tan pocos los que quedan? La libertad de expresión los mató a todos, sumado a que en este pais la verdad ya no vale nada, hay una sola verdad que controla todo.

Actualmente lo que importa es qué botines va a usar Messi en el mundial o cuánto cuesta el libro de 150 páginas que habla de la vida de Ricardo Fort. Todo se resume a la simplicidad, a lo que los medios nos muestran y la vida cotidiana queda relegada a un segundo plano; la vanalidad del hombre lo va a terminar matando, la poca preocupación por lo que lo rodea y la falta de trato con su semejante. Esto ya parece una predicación de alguna extraña religión, pero no lo es —acá es donde entra la analogía—, es más que eso: estamos encerrados en una esfera de la que no podemos salir, ya nadie sobresale por encima de la masa, a nadie le interesa sobresalir y, a los que realmente les importa, no se lo permiten. Siempre hay un pez más grande que te va a aplastar contra el pavimento. Esta tierra es análoga a la famosa isla de Lost y muchos somos el Anti-Jacob intentando escapar de nuestro destino, ser alguien y salir al exterior. Pero ahí está él, con su pelo rubio, sus ojos claros y su ropa blanca, para impedirnos salir, para lanzar nuestros planes por la borda una y otra vez.

Todo se resume a una botella. Y a Lost.

Anuncios
 
Deja un comentario

Publicado por en mayo 12, 2010 en Real world

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: