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Una realidad diferente

23 Abr

La criatura del muelle

Mi nombre, para todos aquellos que no lo sepan, es Jeremy Collins, pero pueden llamarme Jerry. En este instante están a punto de introducirse en un mundo muy diferente del que todos ven regularmente, pero que siempre ha estado entre nosotros; un mundo que convive a la par del nuestro y que guarda sucesos y criaturas extraordinarias. Pensarán que estoy loco, muchos me consideran así, pero, una vez que lees la columna de Jerry no puedes dejarla. Sé que comprarás la próxima edición de este periódico de cuarta.

Lo que vas a leer es la pura realidad, aunque te parezca absurdo quiero que sepas que todo lo que digo es verdad. Me han ocurrido cosas increíbles, pocos confían en mis palabras, pero te puedo asegurar que las marcas que ciertos acontecimientos han dejado en mi mente, nadie las podrá borrar. Soy solo un columnista, pero me gusta meterme donde no debo y mirar donde nadie más lo hace; así fue como me topé con mi primer espectro tres años atrás. ¿Qué, no crees en fantasmas? Ellos están ahí, probablemente estén respirando en tu nuca en este momento mientras te ríes de mis palabras; cada vez que sientas un escalofrío en la espalda, da por seguro que te están observando. Mejor consíguete un buen sacerdote. Oh, lo olvidé, ellos no sirven.

Dios está muy lejos de ayudarte cuando te encuentres con un espectro, un demonio o cualquier otra criatura, asique espero que en ese momento tu valor esté en su apogeo y tu arma bien cargada. Una cruz y una oración no los espantará, sólo tú puedes hacerlo, pero no te voy a decir cómo, solo te voy a contar una historia.

Algunas noches atrás vi algo diferente, algo con lo que no me había encontrado jamás. Mientras caminaba por la costa hacia mi hogar, vi una sombra saltar desde el agua hacia el puerto; automáticamente llevé mi mano a mi espalda y tomé mi revólver. Todavía estaba bastante lejos de la criatura. Me acerqué cautelosamente y la vi reptar sobre los tablones, se arrastró unos cinco metros hasta que al final se paró en sus dos extremidades inferiores; aún así, no caminaba del todo erguida.

Escondido detrás de unos barriles que apestaban a pescado la vi detenidamente, iluminada por el astro menor. Un hormigueo recorrió toda mi columna y me dejó paralizado; con una mano sostenía temblorosamente mi Colt mientras que, con la otra, intentaba taparme la boca para no emitir ningún sonido. Dudo que alguna vez en mi vida pueda olvidar el terror que me causó ver en detalles a esa bestia mitad hombre, mitad pez. Los pasos del visitante sonaban a chapoteos sobre las tablas del muelle; de su boca, un balbuceo incomprensible se oía continuamente, como si estuviese intentando decir algo para sí mismo. Me asomé por sobre el barril que funcionaba de cobertura, a unos diez metros de él, y lo vi, agachado detrás de unas cajas; para mi sorpresa, sacó un bolso negro – para ser palmípedo tenía un excelente control de sus dedos – y lo dejó a un costado. El balbuceo se hizo más fuerte y mis visión se nubló, creo que el fuerte olor a pescado hizo efecto en mi mente y me mareé. Todo daba vueltas, guardé mi arma como pude e intenté no hacer ningún sonido. Allá, a unos pocos metros de distancia, mi “compañero” sacaba del bolso algunas prendas y se las colocaba con total naturalidad. Alcancé a ver una camisa blanca.

De repente, perdí el equilibrio sobre mis rodillas y recuerdo haber golpeado un barril; pude ver a la criatura hombre-pez voltearse hacia donde yo me encontraba, esos ojos, esos ojos bizcos se cruzaron con los míos y luego me desmayé.

Minutos después un hombre me lanzaba agua en la cara y me daba palmadas para que me despertara. “Hombre, hombre, despierte”– repetía constantemente el extraño. Mis sentidos volvieron en sí y me acomode, como pude, sobre una caja, un poco más allá de los apestosos barriles. Todavía con la vista un poco nublada y los oídos zumbando respondí un “gracias” y levanté la vista para verle la cara. Al cruzar mirada con aquel sujeto, callé un grito ahogado, esos ojos, esos ojos bizcos de pez me miraban a tan solo unos centímetros de mi cara. Pero era un humano, como ustedes y como yo. Un simple humano.

“Cuídese hombre, estas zonas son peligrosas”­ – fue lo último que dijo y se alejó. Lo vi irse en dirección a la ciudad con la camisa blanca, ahora enfundado en un traje humano.

Ahora sí mis lectores, ya saben mi historia aunque dudo que crean alguna palabra de lo que les acabo de decir. Pero deben saber que ellos están ahí, quizás, mirándolos por su ventana mientras ustedes leen este periódico junto a su chimenea. Nos leemos la semana que viene en una nueva entrega de esta columna que he decidido llamar Una realidad diferente. Recuerden: mucho valor y un arma bien cargada es lo único que los mantendrá a salvo.

Mi nombre, mi nombre ya lo saben, soy Jerry Collins, para “El lector”.

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Nota: Bueno, después de un buen tiempo volví a las andanzas literarias -es más fuerte que yo-. Este relato tiene formato de columna de periódico pero WordPress no me lo permite asique no queda otra que leerlo de corrido. Si bien pierde un poco de sentido, mirándolo desde un punto de vista estético, el contenido no ha sido modificado. Asique bueno, espero que lo disfruten. Próximamente habrá más entregas de la columna de Jerry Collins.

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Publicado por en abril 23, 2010 en Cuentos, El Lector, Una realidad diferente

 

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