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Día 6

14 Feb

22/07/1950

Qué extraño se siente escribir una fecha sin recordar cómo llegaste hasta ella. Faltan pocas horas para llegar a Capital y yo estoy acá, en mi camarote, solo con algunos de los trabajos del difunto Dirack en mi bolso. Tarde o temprano se sabrá la verdad, tarde o temprano descubrirán lo que ocurrió con él y, probablemente, yo sea el más perjudicado. Espero que jamás encuentren el camino hacia la habitación inferior. No deben hacerlo.

Anoche volvieron los sueños, pero esta vez fue diferente; no había agua, ciudades submarinas ni humanoides con forma de pez, era otra cosa. Una vez más yo era un actor dentro del escenario; no recuerdo haber visto mi propio cuerpo pero si el de las criaturas que me acompañaban. El lugar era una especie de biblioteca inmensa, con una construcción cilíndrica, parecía una gran torre que se elevaba varios metros hacia el cielo. Al final, una cúpula de vidrio dejaba pasar los rayos de dos tenues y anaranjados soles que calentaban la piel.

Me encontré rodeado de tres criaturas altas, yo era del mismo tamaño, pero me arriesgo a decir que median casi 3 mts. Su cuerpo era como un gran cono, no recuerdo si tenían extremidades inferiores, pero si unos brazos muy delgados que terminaban en una pinza, como las de los cangrejos. Su cabeza… no había nada más que dos especie de antenas donde debía estar su cráneo, no había ojos, bocas u oídos. Ellos se comunicaban conmigo, sus voces simplemente llegaban a mi mente, les entendía perfectamente. Me decían que estuviese tranquilo, que era momentáneo, tan solo iba a pasar, lo que para mí era, un ciclo lunar con ellos.

En cuanto terminaban de hablarme – hay cosas que no recuerdo–­, todo el salón comenzaba a sumirse en una oscuridad propia de la llegada de la noche, aunque era extraño, en lo alto, ambos soles aun estaban en su apogeo. En ese momento me desperté por las voces en el pasillo, ya era hora del desayuno en el vagón comedor y la gente se dirigía hacia allá. Me acomodé, cerré el camarote con llave y salí tras la multitud en fila india. En mi cabeza aun retumbaban las palabras de esa criatura: “Esto es sólo temporal, no temas

Más que un sueño, eso parecía un recuerdo, demasiado vivo, demasiado real.

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Publicado por en febrero 14, 2010 en Cuentos, En las sombras del Tiempo

 

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