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El Caos primordial

11 Ene

Cuatro días sin escribir, cuatro días de silencio absoluto, silencio de radio. No callé porque tenía ganas, sino porque no tenía nada para decir, faltaban palabras y creo que aún faltan. Sí, ya sé que dos o tres publicaciones atrás dije que tenía muchas cosas escritas, todavía están ahí solo que no es su momento de salir, no ahora, no en este momento en el que en mi cabeza se revuelven todos los pensamientos. Ya no hay orden, mi cabeza volvió a su estado de caos primordial y supongo que era solo cuestión de tiempo para que sucediera.

Si me guío por la mitología griega, lo primero fue el Caos primordial quien en conjunto con el Amor primordial hicieron surgir al cielo y a la tierra: Urano y Gea. Eso trae el orden. En mi caso hay uno de los dos elementos primordiales que no está, desapareció y el hueco que dejó comenzó a sentirse recién ahora. Intento luchar por encontrar esa parte que me falta, sé donde buscarlo, tengo que luchar por obtenerlo pero hay un problema: ni siquiera puedo acercarme. Siempre hay algo que interfiere entre mi objetivo y yo; cuando no es otra persona, es una situación o es mi estúpido silencio. Siempre está el silencio.

Hay momentos en los que me gustaría acallar las voces de mi cabeza, esas voces que no me dejan pensar cuando la tengo cerca, esas voces que hacen ruido para que yo no pueda decir todo lo que me gustaría, pero no puedo. Recuerdo otros momentos en los que me sucedió lo mismo, me quedaba como un idiota sin hacer nada, queriendo decir tantas cosas; en todos esos momentos perdí, dejé ir mi objetivo, lo abandoné para siempre. Esta vez no quiero que pase eso, pero no puedo decir nada, me faltan excusas y palabras. Me falta todo.

A fin de cuentas, la lucha es de igual a igual contra uno mismo -decía una canción de Baglietto- y eso es ganar, terminaba el verso. En la vida siempre tenemos que enfrentarnos a nosotros mismos para avanzar, a  nuestros miedos, nuestras debilidades y nuestras fortalezas. Todos tenemos, si quisieramos, una ficha de personaje con la que alguien más se divierte tirando dados, dejando nuestras acciones a la suerte de un polígono. Una vez que vencemos eso que nos ata podemos actuar con libertad.

Arriesgarse significa que tenemos  un 50% de chances de ganar y un 50% de perder, entonces ¿por qué no arrojarse diréctamente al vacío si perder lo tenemos asegurado? Supongo que con mi propia pregunta respondo a mi dilema pero sé que no voy a cambiar mi forma de actuar, que voy a perder lo que quiero y que todo va a seguir en un eterno Caos primordial hasta que decida arriesgarme. Parece fácil poner primera y arrancar hasta donde de la situación pero creanme que hay momentos en los que me es imposible hacer arrancar el auto, son esos momentos en los que siento que las cosas están destinadas a salir bien, eso es lo más triste.

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Publicado por en enero 11, 2010 en My mind

 

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