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Una Navidad poco convencional

24 Dic

El chico caminaba entre la multitud esquivando a la gente que se movía histérica de acá para allá, todos cargados con bolsas y cajas de diversos tamaños. Él no tenía nada, solo la tranquilidad de una persona a la que las festividades le pasan por un costado. Toda esa euforia propia de la Navidad nunca le agradó mucho, siempre le pareció absurdo que las personas festejaran  con regalos, comida y alcohol el nacimiento de un personaje de ficción, del personaje ficcional más importante de todos los tiempos.

Se alejó de la masa social y se internó en la tranquilidad de la plaza. Era una noche cálida, el cielo estaba estrellado y, a pesar de las luces de la ciudad, se podían ver unas cuantas constelaciones; lástima que el chico no conocía más que “las tres marías”. Se recostó en un banco y miró al firmamento. Allá, a lo lejos, le pareció ver una estela celeste: -“una estrella fugáz”- pensó. Miró el reloj, había pasado media hora recostado, se le hacía tarde para volver a casa a cenar, seguro lo iban a estar esperando. Se levantó y caminó otra vez hacia el centro, tenía que cruzar por la calle principal para llegar a su hogar; sin embargo, algo lo sorprendió: todo estaba… diferente, reinaba un silencio absoluto.

No recordaba haber visto jamás tantos autos incendiados o abandonados en el medio de la calle, algunos edificios estaban destruidos, destruidos como si los años y varias guerras le hubiesen caído encima. Supuso que se había equivocado y en el apuro había doblado mal en alguna esquina; miró un cartel, estaba en el camino correcto, no entendía nada. Un frio le recorrió la columna cuando escuchó el rugir de unas motos a lo lejos, corrió tanto como le dieron sus piernas, aún estaba a 6 cuadras de su casa. Los motores se sentían cada vez más cerca, ya había visto las luces a sus espaldas y sus pulmones rogaban por un poco más de oxígeno; se apoyó contra una pared y escuchó que alguien le chistaba desde las sombras.

– Tranquilo, eres nuevo ¿no?- dijo una voz gruesa.

El chico no sabía que decir, no podía confiar en cualquiera pero las motos estaban tras su rastro, no cabía la menor duda. Apuntó su mirada hacia la oscuridad, intentó descubrir quién era el que se escondía en ella pero solo pudo ver una sombra de gran tamaño. Una luz lo encandiló, era una linterna. “Perdón”, dijo el sujeto y apuntó hacia una escotilla en el suelo:

– Vamos, entra ahí, estarás a salvo.

No tenía muchas opciones, siguió el rastro de luz y se encontró con una escalera metálica que descendía unos cuantos metros hacia las entrañas de la tierra; nunca creyó que eso existiera en su ciudad. Arriba suyo se escucharon pasos y el golpe seco de la escotilla cerrandose; abajo, una luz  tenue le mostraba el final del camino. Seguía sin entender cómo había sucedido todo aquello en tan solo media hora, “estaré soñando”, pensó. Pero en un sueño uno no siente cansancio ni parece tan real.

Cuando terminó de descender notó que la luz provenía de un extenso túnel  iluminado que terminaba su camino en la escalera.

-Permiso muchacho, tengo que bajar- dijo el hombre a sus espaldas. Ahora lo pudo ver bien: medía casi 2 mts, estaba vestido con extrañas ropas de cuero que él sólo recordaba de películas de los 80’s, tenía un parche en el ojo izquierdo, barba rala y rasgos curtidos.

-¿Quién es usted? ¿cómo llegué hasta aquí? yo solo estaba en la plaza y…-. Las palabras le salian cortadas, no comprendía lo que sucedía a su alrededor. El hombre le dio una palmada en el hombro y juntos comenzaron a caminar por el túnel.

– Definitivamente eres nuevo, pense que no llegaban chicos tan jóvenes a estas tierras, creo que me equivoqué. Los que te persiguieron allí arriba son la banda de Santa, sí, el mismisimo Santa Claus los lidera; se encargan de destruir todo lo que encuentran a su paso. Este lugar puede corromper hasta al más santo. Nosotros…- y cuando dijo “nosotros” el muchacho lo interrumpió.

– O sea que no somos los únicos, hubo más sobrevivientes. Aún así no puedo entender, quiero volver a casa – dijo mientras rompía en lágrimas.

– Tranquilo, ahora ésta es tu casa. Aprenderás muchas cosas aquí, principalmente a sobrevivir. No hemos sobrevivido a ninguna guerra, simplemente estamos aquí, algunos desde hace mucho tiempo, otros desde hace no tanto -se detuvo un momento y le extendió su mano, inmensa-. Puedes llamarme Fox.

En ese instante, se abrió a la derecha de ellos una puerta que el muchacho no había visto. Salió una chica de unos 25 años, rubia, con ropajes similares a los del hombre que tenía delante.

– Papá, vamos, ya casi es medianoche – dijo muy suavemente -. Ya estamos todos listos.

Fox miró al chico, le hizo una seña con la cabeza para que lo siguiera y juntos se dirigieron hacia el interior de la habitación. Un salón inmenso se extendía frente a los ojos del muchacho, había más de 100 personas sentadas en la mesa más grande que había visto en su vida; ancianos y niños, gente de todas las edades. El hombre se paró en la punta, levantó una copa y pidió la atención de los presentes:

– Esta noche tenemos un nuevo integrante en la familia, quiero que entre todos le demos su bienvenida, más aún en esta fecha tan especial -un aplauso llenó el lugar-. ¡Feliz navidad para todos! – dijo con su voz gruesa, bebió de la copa, hizo una seña con la mano y todos comenzaron a comer.

Una mujer le hizo un lugar al chico junto a Fox. Desconcertado bajó la cabeza y pensó en todo lo que había dejado atrás, en su ciudad; el cerebro parecía latirle, se sentía mal, pero al mismo tiempo sabía que no estaba solo. Entonces sintió una mano sobre su espalda, levantó la mirada y vió al hombretón sonriendole:

– Ya no hay vuelta atrás, por lo menos, todavía nadie la ha descubierto. Aquí siempre estarás acompañado. Conforme pase el tiempo irás entendiendo cómo funcionan las cosas, ya te lo explicaré. Por ahora, come, disfruta de la comida y la fiesta – le dijo dándole una palmada-. Bienvenido a “La Ciudad”.

NOTA: Bueno, qué puedo decir, el cuento simplemente surgió. Como suele pasar, pensaba escribir otra cosa pero terminé por meterme en el mundo literario y deseando felicidades a mi manera. Espero que hayan disfrutado de la lectura y que pasen una feliz navidad. Gracias a Barreiro y a Giménez por darme la excusa perfecta para meter a un personaje a “la Ciudad”, todo lo demás es invento propio.

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Publicado por en diciembre 24, 2009 en Cuentos

 

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