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Rompiendo con la rutina

21 Dic

Definitivamente, si Borges estuviese vivo no leería esta entrada. Creo haber escuchado que alguna vez dijo lo siguiente haciendo referencia a un libro de Laiseca: “Jamás en mi vida leería un libro que  tenga en su título un gerundio“; asusta un poco ¿no?

Era solo una acécdota, lo que van a leer a continuación no tiene nada que ver con Borges, con los gerundios y, mucho menos con el libro de Laiseca: “Matando enanos a garrotazos” (1982). Sino, sobre algo aún más terrible, un suceso (diría un policía) que aconteció durante este Domingo.

Generalmente, en Argentina, el Domingo es el catalogado como el día más aburrido de la semana, las razones son varias pero el hecho de que sea el último día del fin de semana creo que se lleva todos los aplausos. De hecho, un grupo muy grande de argentinos y una publicidad absurda intentaron, alguna vez, cambiar el día Domingo por el día Osvaldo; si tengo que ser sincero, me gusta más el nombre de Sarmiento que el de un desconocido. En fin, esta historia venía a cuenta porque hoy [ayer] fue un día particular, en mi vida, claro, no sé como les fue a los demás.

Y la cuestión es la siguiente: por empezar fue Domingo 20, número par, redondo, perfectamente divisible por 2,4,5 y 10, un día que permite una variedad de acciones increíble pero que no se aplica si el día anterior saliste. Desde que me levanté estuve con la idea de subir al blog un informe propio sobre determinado juego de video, el problema fue que me puse a jugar a dicho juego y el día se me pasó volando, cuando quise acordar eran las 23 hs y me estaban esperando para salir a comer.

Me subí al auto y fuimos al lugar de siempre. El centro estaba lleno, el lugar estaba lleno y no puedo negar que me llamó mucho la atención una pareja que estaba en una mesa a mi izquierda, juraría que estaban violando alguna ley, lamentablemente yo no me la sabía. En fin, no había lomo al roquefort, siempre pido lomo al roquefort, hace 7 años que vengo pidiendo el mismo plato una y otra vez; tuve que comer parrilla. La pareja seguía ahí y además se había sumado una familia con dos pequeños esbirros que deambulaban por las mesas al grito de “¡yo soy Superman!“. Me tentaba probar si era el hombre de acero, pero no me quise arriesgar a lastimarlo y tener que bancarme al padre (un verdadero ropero de algarrobo como los de la abuela).

Terminamos de comer y después de unas vueltas volvimos a casa. Me siento en la computadora y pienso en que hoy no actualicé el blog, no escribí mi crítica/reseña/informe sobre el juego y ahora va a quedar un espacio en blanco en mi calendario, se perdió la perfección. Tampoco salí a caminar esta tarde como hago siempre para distenderme, el juego me consumió la vida, eso no es bueno. No comí lomo al roquefort y ahora relleno el blog con lo que me viene a la cabeza. Le robo el nombre del cuento de un amigo y lo uso de título par esta entrada.

Me doy cuenta de que hoy rompí con la rutina. No hice nada raro, simplemente no hice nada, que es peor.

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Publicado por en diciembre 21, 2009 en My mind

 

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